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jueves, 20 de agosto de 2009

LA LIBERTAD NOS PERMITE IDENTIFICARNOS

El desarrollo de este Blog, permite romper cadenas. Éstas nos compactan dentro de un mundo diverso, aceptar esta diversidad tambien forma parte de la historia, de aquel que nos antecede como nativo, como dueño primigenio. Particularmente, la historia de nuestro continente, comienza a ser como tal, a partir de lo que el invasor escribe luego de imponer su lengua, su cultura, sus instituciones, su olor extraño a un cuerpo definido por colores y sabores propios.
America Latina tiene la posibilidad historica de reconocerse, unirse, liberarse de las mentiras importadas en hojas blancas perfectamente encuadernadas, creadas por el europeo, civilizado y a la vez avasallador.
Lo que tenemos escrito desde nuestra historia esta en muros, en piedras, en templos antiguos, en grandes extensiones de suelo que solo desde un avion se puede apreciar.
La palabra transformada en lengua, estaba desde antes de su llegada, lengua que definia cosas y situaciones de manera explendida, el guaraní, es un fiel ejemplo de ello. Existen diccionarios que poseen innumerables cantidades de paginas con vocabulario guaraní. Tambien las civilizaciones Maya, Azteca, Inca, Tiawanaco y otras tantas, eran naciones parlantes que se comunicaban y construian mundos propios y relaciones interculturales.
Somos ramas de un mismo arbol, hacia ese fin transita este Blog, el fin de ¡Darse cuenta!, no distraerse, porque tenemos muchas cadenas que romper aun, y en la medida en que el gigante del sur se despierte, podemos transformar la realidad del vasallaje impuesto desde la conquista hasta hoy en muchos aspectos.

miércoles, 19 de agosto de 2009

LA IDENTIDAD DESDE EL PRESENTE

http://www.arteyesperanza.com.ar/catalogo.htm
Esta pagina remite a un espacio constructivo de una identidad viva desde la mas masiva tecnologia a la que asistimos hoy, son nuestros antecesores promocionando su actividad artesanal por internet.
Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible, ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y los demás intereses que los afectan. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones.”
El Articulo Nº 75 inciso nº 17 de la Constitución Nacional intenta recordar e incluir dentro de la resultante de tantas oleadas de inmigrantes una identidad subyacente, ya que es desde nuestra óptica es erróneo decir “reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas”, porque ningún país que reconozca su propia identidad se plantea en legislar sobre la existencia de pueblos base de una cultura. En otras palabras, la totalidad de este artículo, tan bien expresado y parido desde el Congreso, no es más que un buen escrito que ni siquiera se aplica ya que las tierras de los primeros habitantes son vendidas a multinacionales y a capitales extranjeros como Benetton o Petrobras para su uso indiscriminado y destrucción del medio ambiente en pos del progreso globalizado.
Por otra parte la educación bilingüe solo se da en algunas escuelas perdidas en los lugares más inhóspitos del país.
Por ejemplo, en el Chaco, se destruye año a año el impenetrable en detrimento de los pueblos aborígenes y esas tierras son vendidas por el estado provincial con total impunidad y corrupción vejando todo mandato supremo de la carta magna. Las comunidades aborígenes en nuestro país están en un total abandono legal y a merced de ser destruidas por cualquier gobernante irresponsable desconociendo este artículo 75 de la Constitución. En el trasfondo de este incumplimiento existe una negación a verse reflejado en una identidad nativa propia y no la que nos inculcaron desde la educación: “bajada de un barco” y mejor dicho, traída directamente desde Europa.
Desde Domingo Faustino Sarmiento se desprecia la verdadera identidad, este nos dice “quisiéramos apartar de toda cuestión social americana a los salvajes por quienes sentimos, sin poderlo remediar, una invencible repugnancia, y para nosotros, Colo Colo, Lautaro y Caupolicán, no obstante los ropajes civilizados y nobles de que los revistiera Ercilla, no son más que unos indios asquerosos, a quienes habríamos hecho colgar y colgaríamos ahora, si reaparecieran en una guerra de los araucanos contra Chile, que nada tiene que ver con esa canalla”; y lo extractamos de: “Nueva Crónica de la Conquista del Tucumán”, por Roberto Leviller, Madrid, 1926.
Desde aquí la educación sistemática y desfavorable a nuestra verdadera identidad y un atentado permanente al acervo cultural mas primogénito.

EL ORIGEN DE LA IDENTIDAD, COSMOVISIONES ANCESTRALES

Esta imagen muestra a un hombre reflejado en mil hombres, la diversidad de las cosmovisiones y la historia en su dedibujamiento.
Desde los albores del siglo XXI la guerra pasa por el petróleo y se confunde con los fundamentalismos de las distintas cosmovisiones, y después, vendrá seguramente aquella por el agua, en nombre de algo que no se condice para nada con la religión que hoy abrazamos. Así nos explicamos que volver la vista hacia nuestro pasado armonioso será una respuesta.
La naturaleza para nosotros lo era todo, y el todo apuntaba hacia la armonía. Las cosmovisiones nos ponían en medio de ella, todo partía de ahí, en la brecha del Universo creado e incognoscible sin tantas disquisiciones, pues la naturaleza era respetada, y muchas de las características de nuestras estrategias para la vida, y lo sagrado incluso, partían de principios, mitos, pensamientos, en síntesis, una cultura desde su seno, que por milenios nos acunaba. Las más increíbles potestades, la divinidad, lo mágico, y lo ancestral devenían en el tiempo de cosmogonías, visiones del mundo, imaginerías, técnicas, todo ello impregnado en el arte, la transmisión oral y escrita, de lo acontecido en cada momento, de los ciclos que vivimos como habitantes de esta “Abya Yala”, Tierra Fecunda, como llamaron nativos de Colombia, a nuestra Latinoamérica.
Le quitaríamos valor a todo esto desde una óptica materialista. Allende la naturaleza de esos tiempos miraríamos hoy esta tierra bendita que prodiga esperanza, siempre el “nuevo mundo”, y desde esa cosmovisión construiríamos un futuro mejor para nuestros hijos, en un lugar que mucho se parece a la “tierra sin mal”, al “paraíso”, que está aquí, y pretenden ultrajar, más allá de políticas de unión, y buenos y malos resultados que hubo en este ciclo histórico de quinientos y más años que están en este debate.
Nuestros hijos pueden reconstruir nuestra identidad y nuestra historia, apelando a este pensamiento, siempre que, como ahora, les demos herramientas, pero por sobre todo, coraje para hacerlo.
La cosmovisión que contenía la explicación de la vida y la muerte, en la mayoría de los pueblos americanos, era la suma de la inocencia y la naturaleza, en un mundo sin las perversidades a las que estaban acostumbrados los europeos que, según las absurdas conclusiones de algunos estudiosos, eran los “civilizados”

LA IDENTIDAD Y LOS TIEMPOS NATIVOS

Entonces, por qué asociar nuestro desarrollo como cultura, como comunidades, como sociedad, con el tiempo transcurrido, y dividirnos según el “grado de desarrollo”, como decir, “grado de evolución”, según una óptica materialista objetiva, a veces, hasta etnocéntrica…Según con el cristal con el que se mire, dos preguntas para hacernos: ¿De acuerdo a esto varía el desarrollo? ¿Seremos una cultura mas desarrollada por nuestra permanencia temporal?
Para resolver estas incógnitas podemos plantear, según una óptica, que el tiempo está dividido en tres formas dimensionales posibles: pasado, presente y futuro. Pero con una idea atemporal de la vida, podemos lograr el uso del hoy conjugando el ayer y conjugando el mañana, pudiendo decir también ahora. Dimensionando el tiempo de otra manera, sin fraccionarlo seguramente lo viviremos intensamente sin conciencia más que natural de su paso. Este era el tiempo que vivían las culturas prehispanicas que se regían según el reloj de la naturaleza.
Inclusive, si nos situamos temporalmente podemos decir “ellos vivieron hasta…”, con un cristal, pero la otra forma de ver el tiempo, (hoy), es una forma de pensar donde el tiempo se computa diversamente, cualitativamente, sin reloj, por eso atemporal. Nuestros antecesores vivían con patrones de dimensionar el tiempo diferente, sin reloj, regido por un matiz de vida más cualitativo sin importar un momento cuantitativo.
Entonces, en el tiempo de la América prehispánica, se tenía un compás de tiempo determinado por la naturaleza, un tiempo de vida regido por los astros, las luces y las sombras, sin ser condicionados por un reloj que hoy nos lleva al extremo por nuestro ritmo de vida y una época que nos define individuos (indivisibles, únicos, diferentes del otro, como estar “solos en el mundo”, conectados a medios tecnológicos y no a nuestros pares) ante la máxima del condicionamiento que enferma cada vez mas la salud del hombre del siglo XXI.
Las diferencias se planteaban al transitar un camino unidos, como pares de una comunidad, agrupados en grandes familias, a las que a diferencia de aquel tiempo, se les llama hoy: sociedad, y eran comunidades, sin duda, y el destino colectivo era una realidad porque comprendían el presente del día a día, construidos desde las primeras pinceladas del ko´é (guar. amanecer), y desde una relación de pares mejor entendida –observado esto en la cultura de una comunicación más fluida, más humana. Las relaciones humanas quizás eran más ricas en comunicación, diríamos espontáneas. Y aquí hay un claro ejemplo, de cómo hoy el sedentarismo y la tecnología nos deshumaniza. Seguramente, un atardecer, en ronda familiar, les permitiría planificar estrategias, dirimir conflictos, como algunos lo hacemos en una mesa. Sería otro motivo para entender como aquellos, aunque con conflictos, vivían esa dimensión natural del tiempo en comunión con sus pares, e interrelación continua y fructificante, aunque litigaban, a veces a muerte, como las sociedades de todos los tiempos.